La historia del prisionero de guerra ucraniano al que los rusos le secuestraron las redes sociales para difundir mentiras

DLN-.UCRANIA.-Cuando Kherson cayó en manos de los invasores rusos en los primeros meses de la guerra, Igor Kurayan pasó semanas capturado por las tropas de Vladimir Putin, siendo torturado y abusado. Pero también sufrió otro tipo de dolor: fue usado como instrumento de propaganda cuando sus cuentas en redes fueron usadas para divulgar el discurso del Kremlin, obligado a grabar videos de apoyo a Moscú.

Kurayan dirigía un negocio de zapatos y no formaba parte del ejército ucraniano, al que mostraba su apoyo en Facebook e Instagram. Pero aunque sea civil, sus captores no le tuvieron piedad. “Me torturaron durante dos semanas en Kherson. Utilizaron alicates para retorcerme las manos, me golpearon la cabeza y los órganos internos con una porra”, relató a The Independent en mayo, días después de ser liberado en un intercambio de prisioneros.

La angustia mental ocurrió cuando lo forzaron a grabar videos en los que criticaba a Kiev e instaba a la rendición. Lo que más temía es que la gente, sus amigos de toda la vida, crean que se convirtió en un traidor.

Los rusos también lo forzaron a grabar un video en el que posaba armado junto a dos enmascarados y rodeados por la bandera de Ucrania y por una bandera roja y negra, vinculada al movimiento nacionalista, para apoyar la versión de “desnazificación” de la invasión rusa. Mientras en Kherson se realizaban protestas contra los ocupantes, el afirmaba en el video que las manifestaciones eran inútiles, sin realmente pensar eso.

Captura de uno de los videos que fue forzado a grabar

Captura de uno de los videos que fue forzado a grabar

Los videos eran compartidos en sus cuentas y también en un nuevo TikTok que fue creado bajo su nombre. “Empezaron a utilizar las redes sociales de mi padre. Le grabaron en TikTok y ni siquiera sabe lo que es”, se quejó la hija de Kurayan, Karyna, una periodista de 23 años que abandonó Ucrania tras el inicio de la guerra. “Querían convertirlo en una marioneta”, añadió, en entrevista con CNN.

La imposición del discurso forma parte de un cambio de estrategia comunicacional del Kremlin. Mykola Balaban, subdirector del Centro de Comunicaciones Estratégicas y Seguridad de la Información, dependiente del Ministerio de Cultura y Política de Información de Ucrania, explicó que al comienzo de la invasión, Rusia desplegó su amplio aparato propagandístico, pero para abril sabía que no sería suficiente, también contrarrestado por las versiones de Occidente. Por ello, lanzaron esfuerzos más localizados para intentar convencer a la población local, especialmente en zonas ocupadas, para frenar la resistencia y que crean que Kiev las ha abandonado.

“En el caso de Igor y muchos otros”, añadió, “utilizan este contenido incluso dentro de Rusia, para decir: ‘Mira, este ucraniano era un activista, pero ahora le mostramos cuál es la situación real y ahora es prorruso’. Está entendiendo por lo que estamos luchando”, señaló Balaban a CNN.

Usando personas reales, con cuentas existentes, intentan promover la narrativa aunque sea a la fuerza. “Pueden capturar a personas reales y hacer lo que quieran con sus medios sociales, este espejo social de esta persona real”, dijo Balaban, especialista en estrategias de desinformación rusas, aunque aclara que es una estrategia más cara y complicada que las granjas de bots que se limitan a repetir discursos e inundar los foros en las redes, más fáciles de identificar.

Intercambio de prisioners en Zaporizhzhia, a fines de junio (via Reuters)

Intercambio de prisioners en Zaporizhzhia, a fines de junio (via Reuters)

Cuando las imágenes de Kurayan se difundieron en los medios estatales rusos, su familia fue avisada. “Vimos a papá allí, y entendimos exactamente dónde estaba. Entonces recopilé todo el material, las capturas de pantalla (de las redes sociales), todo lo que tenía, toda la información y lo envié a la línea directa (de prisioneros de guerra)”, dijo Karyna a la CNN.

Días después, el gobierno se comunicó con ella para decirle que su padre sería liberado en un intercambio de prisioneros.

Cuando Kurayan recuperó su libertad, se encargó de borrar los mensajes grabados a punta de pistola, o escritos por rusos haciéndose pasar por él. Pero antes llegó un alivio que despejó los temores sobre una mella de su imagen. Los comentarios mostraban la ineficacia de la estrategia. “Leí cómo reaccionaban mis amigos a estos vídeos. Y los comentaron inmediatamente, sabiendo que eran los rusos”, dijo, riendo. “Se dieron cuenta de que no era yo”.

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